El “Neocolonialismo” se apoderó del fútbol en Latinoamérica

Tradicionalmente la obtención de la Copa Libertadores de América –creada como Copa Campeones de América en 1960 y conocida con su actual nombre, desde 1965- representó para el fútbol sudamericano la conquista de la gloria en el “Nuevo Continente”, cuyo campeón enfrentaba por el honor al mejor equipo de clubes de Europa, en la legendaria “Copa Intercontinental”.
Lejos, muy lejos quedaron –no sólo por el inevitable paso del tiempo, sino fundamentalmente por las profundas transformaciones introducidas en la competencia- aquellos días epopéyicos de choques inolvidables entre los equipos de mayor raigambre popular en sus países de origen y que se extendía al resto del continente, que tanto prestigio le dieron a la competencia sudcontinental.
Otro tanto sucedió con el episodio que le dio origen a este torneo en nuestro continente, que no fue otra cosa que el exceso de soberbia de un Real Madrid que habiendo establecido una supremacía hegemónica en Europa, se proclamó “el mejor equipo del mundo”.  Aquel primigenio título ostentoso se transformaría –ya en el Siglo XXI- en el conocido equipo “galáctico” por la constelación de estrellas futbolísticas que vistieron la casaca “merengue”.
Como resultado de esas transformaciones, también se perdieron los legados de la dirigencia sudamericana que le dio vida a esta prestigiosa competencia futbolística, hecho que no es menor. No es el propósito ahora de realizar un revisionismo histórico desde lo estrictamente futbolístico, sino más bien de reflexionar sobre una novedosa –o tal vez no tanta- forma de conquista y colonización como sucedió hace algo más de cinco siglos atrás. Y curiosamente –otra vez, y van…- la mirada crítica se posa en Europa –que no renuncia a seguir marcando la agenda de nuestra “patria grande”-, particularmente en España, nuestra “Madre Patria”, tal como se nos enseñaba en nuestra infancia y juventud en las entonces exigentes lecciones de Historia.
Este proceso de conquista y colonización – ¿o sería más apropiado definirlo “neocolonización”?- en rigor de verdad no emerge ahora con la denominación que desde 2008 tiene el torneo: “Copa Santander Libertadores”. Los negocios –de esto se trata, esencialmente este nuevo proceso que padece toda Latinoamérica- no tienen como elemento exclusivo al fútbol; fueron más bien los medios a los que recurrieron los conquistadores y colonizadores de esta renovada modernidad para someter a los pueblos de nuestro continente.
Los cantos de sirena cautivaron a los millones de Ulises -¿o ilusos?- que habitamos por estas latitudes con la falsa promesa –como lo hicieron a finales del Siglo XV- de progreso y bienestar general. En nombre de estos dos valores –muy preciados por cierto- desembarcaron en los `90 con el solo propósito de explotar –y explotarnos- servicios esenciales, que prestados por empresas del Estado se afirmaba eran deficitarias y cuya única solución era su privatización. No pasó tanto tiempo para que la realidad demostrara que estos nuevos tiempos “europeizantes” –que echaron raíces en la conocida “generación del ´80”, en el Siglo XIX-, terminaran en un rotundo fracaso, aunque los males de estos remedios todavía no acabaron.
Y el fútbol no se sustrajo a ser el “leiv-motiv” de un nuevo canto seductor que se propagó por todo el continente americano. Siempre bajo el concepto de un gran negocio del que aparentemente participan muchos –pretendiendo así equipararlo a un acto de socialización de lo producido-, pero que en verdad disfrutan de sus beneficios unos muy pocos. Sin embargo, antes de caer bajo las garras de la nueva “corona española” –ayer, política y económicamente; hoy, esencialmente por esto último- bebió de las mieles -¿o de las hieles?- de un pensamiento moderno por excelencia: el “toyotismo”. Así, sin escalas, de una competencia por el honor y la gloria de ser el mejor del continente –y trazando otra vez un paralelismo con acontecimientos sociales e históricos en el mundo, con la salvedad que no hubo espacio ni tiempo para el “fordismo”-, en 1998 pasó a ser todo un negocio para la empresa japonesa Toyota.
Las ideas de libertad e independencia de las colonias americanas respecto de España y que tuvieron como rostros visibles –entre otros- al sacerdote Miguel Hidalgo en México, Francisco de Miranda en Colombia, Simón Bolívar en Venezuela, Bernardo de Monteagudo en Perú, Pedro Domingo Murillo en Bolivia, Bernardo O´Higgins en Chile y José de San Martín en Argentina, fueron el motor que impulsó la creación del torneo como “Copa Libertadores de América”, hace más de tres décadas.
Su sangre y sus vidas, y de quienes a su lado construyeron el continente del que los americanos nos enorgullecemos de pertenecer –con sus virtudes y miserias- fue revalorizada por los dirigentes del fútbol de fines de la década del ´50. Quizá por ello el honor de conquistarla fue –durante largos años- más importante que el dinero que podía obtenerse como premio.
Sin embargo, esto no pudo –o no quiso- sostenerse en el tiempo. Las miserias y urgencias económicas de los clubes, incluidos los más poderosos del continente –subordinados a las riquezas que acumularon las asociaciones y federaciones, como el caso de la AFA en la Argentina- los alejaron del camino original.
A los negocios que seguramente espera concretar el Banco Santander auspiciando, patrocinando y distribuyendo los premios en dinero se suma una de las premisas que el 15 de mayo de 1857 –fecha de su fundación- se fijaron los 72 hombres de negocios que le dieron vida: el comercio colonial. Aquellos visionarios empresarios tal vez nunca imaginaron que los negocios también podían hallarse fuera del comercio, la industria y la actividad bursátil.
Hoy asistimos resignados a que el fútbol también sea alcanzado por el poder de un siempre renovado colonialismo; el mismo que desembarcó cinco siglos atrás, que subsiste y se resigna a retirarse humillado, pese a que –como sucedió antes con la esclavitud- fuera abolido en el mundo por organismos supranacionales con bombos y platillos. 
Ángel César Ludueña
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